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Strategic Blueprint

Cadena de valor

La regla del outsourcing no falló. Se mudó el núcleo.

Por qué lo que fue sensato durante treinta años en la industria automotriz terminó entregándole el negocio a otro

Claudio Siracusano · 13 de octubre de 2026 · Publicado también en LinkedIn

Durante buena parte de mi carrera, la industria automotriz tuvo una regla que nadie discutía: se terceriza todo lo que no agrega valor al proceso principal de la planta y que solo suma complejidad. Verticalizar era cosa del pasado, de los tiempos de Ford y su complejo de River Rouge, donde entraba mineral por un extremo y salían autos por el otro.

Estuve del lado que se benefició de esa regla. Autoliv era precisamente uno de los proveedores a los que las automotrices les confiaban sistemas completos de seguridad. Y la regla funcionaba. Por eso la pregunta que me dejó el caso BYD no es menor: si un fabricante chino que hace en casa cerca del 65% de sus componentes está desplazando a la industria que tercerizó con más disciplina que nadie, ¿se rompieron las leyes del outsourcing?

Mi respuesta es que no. La regla sigue siendo correcta. Lo que cambió de lugar fue el núcleo.

Por qué la regla tenía razón

En los años noventa, General Motors separó a Delphi y Ford separó a Visteon. Las automotrices se quedaron con lo que definía al auto —diseño, motor, ensamble, marca, red comercial— y entregaron el resto a proveedores especializados que ganaban escala atendiendo a todos.

La regla funcionaba porque se cumplían cuatro condiciones, aunque nadie las enunciara. La tecnología estaba madura y evolucionaba de a poco. Las piezas se integraban con especificaciones conocidas, sin rediseñar el vehículo. Ningún componente tercerizado decidía por sí solo el precio del auto, y para cada uno había más de un proveedor creíble. Y el corazón del negocio, el motor, nunca salió de casa.

Esa última condición era la decisiva. Se tercerizaba alrededor del núcleo, nunca el núcleo.

Qué cambió con el auto eléctrico

En un auto eléctrico, la batería representa alrededor del 40% del costo. Define la autonomía, el peso, la seguridad, el tiempo de carga y, en definitiva, el precio. Junto con los chips que gobiernan la potencia y el software que lo coordina todo, ocupa el lugar que antes tenía el motor.

La industria europea siguió llamando «núcleo» a lo que hacía bien en 1995. Y la pieza que se había convertido en el centro del auto quedó, por aplicación correcta de una regla vieja, del lado de lo que se compra.

Las otras tres condiciones se invirtieron al mismo tiempo. La tecnología de baterías no está madura: cambia rápido y hay que diseñarla junto con el vehículo, no comprarla por catálogo. El mercado de proveedores, lejos de tener muchos oferentes, se concentró en un puñado de fabricantes asiáticos. Y la crisis de chips de 2021 y 2022 mostró qué ocurre cuando un componente de pocos euros, comprado a pocos proveedores, falta: las plantas se detienen.

Lo que se terceriza no vuelve

Hay un costo del outsourcing que no aparece en ninguna planilla: el saber que se va con la actividad. Ya en 1992, tres investigadores advirtieron que cada decisión de tercerizar puede ser racional por separado y que la suma puede ser el declive. El proveedor aprende, gana escala y mejora; quien tercerizó pierde, año tras año, la capacidad de volver a hacerlo.

Europa lo comprobó cuando quiso recuperar lo entregado. Northvolt, el gran intento de fabricar celdas de batería europeas, terminó en quiebra en 2025. Reconstruir una capacidad perdida es mucho más caro y más lento que conservarla.

El antecedente más claro no es automotriz. A comienzos de los ochenta, IBM tercerizó el procesador de su computadora personal a Intel y el sistema operativo a Microsoft, convencida de que el valor estaba en el ensamble y en la marca. El valor se fue precisamente a esas dos piezas.

BYD no verticalizó todo: creció desde su núcleo

Conviene no sacar la conclusión equivocada. BYD no integró todo por convicción ideológica. Era un fabricante de baterías y avanzó hacia afuera desde allí: primero el auto, después el tren motriz, luego los chips de potencia. Aplicó la misma regla que aplicábamos nosotros, con una diferencia afortunada: su núcleo coincidía con el lugar hacia donde se movía el valor.

Tampoco la integración es gratuita. Convierte costos variables en fijos y traslada el riesgo al balance. Cien fábricas propias no se apagan cuando cae la demanda, como se apaga un contrato con un proveedor. Esa rigidez es parte de lo que hoy presiona la caja de BYD.

La pregunta que reemplaza a la regla

La pregunta útil ya no es si una actividad agrega valor hoy, sino dónde va a estar el valor y el riesgo mañana. Antes de tercerizar, importar o dejar de fabricar algo, cualquier empresa —una automotriz o una pyme de veinte personas— puede hacerse cinco preguntas:

  1. ¿Esta pieza decide el costo, el precio o el desempeño de lo que vendo? Si la respuesta es sí, ya no es periférica, aunque lo haya sido.
  2. ¿La tecnología está madura o todavía cambia? Lo que cambia rápido se diseña junto con el producto, no se compra por catálogo.
  3. ¿Cuántos proveedores creíbles hay? Tercerizar a un mercado amplio es eficiencia; tercerizar a dos o tres es dependencia.
  4. ¿Qué saber se va con la actividad y quién lo aprende? Si el proveedor se queda con el conocimiento, la decisión no tiene vuelta atrás.
  5. ¿Cuánto costaría, y cuánto tardaría, volver a hacerlo? Si la respuesta es «años», la actividad cara puede ser el precio de una capacidad que voy a necesitar.

Entre fabricar todo y comprar todo hay posiciones intermedias que suelen ser las más sensatas: conservar el diseño y tercerizar la fabricación, hacer una parte del volumen en casa y comprar el resto, tomar participación en el proveedor crítico o asegurar siempre un segundo proveedor. Toyota nunca fabricó todo, pero nunca dejó de saber cómo se hace lo que compra.

La regla del outsourcing no estaba equivocada. Lo que se volvió peligroso fue aplicarla con un mapa del núcleo que ya no correspondía al territorio.

Claudio Siracusano · Socio · Estrategia y metodología, Strategic Blueprint. Este artículo se publicó también en LinkedIn.

Preguntas frecuentes

Sobre este tema.

¿Qué conviene tercerizar y qué no?

Se puede tercerizar lo que no decide el costo, el precio ni el desempeño del producto, usa tecnología madura y tiene muchos proveedores creíbles. Lo que define el valor del producto, cambia rápido o depende de dos o tres proveedores conviene conservarlo o asegurarlo.

¿Hay alternativas entre fabricar todo y comprar todo?

Sí, y suelen ser las más sensatas: conservar el diseño y tercerizar la fabricación, hacer una parte del volumen en casa y comprar el resto, tomar participación en el proveedor crítico o asegurar siempre un segundo proveedor.

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